sábado, 21 de abril de 2018

Nostalgias varias


















Nostalgia cinéfila. Uno de los detalles más comentados a raíz del reciente estreno de Ready Player One ha sido su homenaje a una de las cintas de terror más emblemáticas del siglo XX: El resplandor (1980). Confieso que el último trabajo de Steven Spielberg no me ha atraído tanto como para verlo en cines, pero esta referencia metacinematográfica al largometraje de Kubrick me ha traído a la memoria la primera vez que vi Twister (1996), en la mítica Sala 4 de los Cines Imperial de la capital: me refiero al momento en que se nos muestra un autocine en el que se está proyectando la película en cuestión. La escena dura poco más de tres minutos, pero nunca olvidaré la forma de introducir dicho homenaje: durante los primeros segundos parece que ha habido un error y se ha colado metraje del film protagonizado por Jack Nicholson, y no es hasta que la cámara retrocede y deja ver el autocine, cuando nos damos cuenta del engaño. 

Nostalgia televisiva. Una de las protagonistas de Twister -ya he perdido la cuenta de las veces que el film de Jan de Bont ha aparecido en esta columna-, Helen Hunt, encabezaba por entonces, junto a Paul Reiser -ahora de nuevo en alza tras su aparición en Stranger Things-, una popular sitcom estadounidense que llegó a tener hasta siete temporadas: Loco por ti. Y si la traigo a colación es porque se trata de la última comedia televisiva de éxito que, habiendo terminado su emisión hace una, dos o incluso tres décadas, anuncia su regreso a la parrilla. ¿Ejemplos? Padres forzosos -en este caso en forma de spin-off-, Rosseanne, Will & Grace... Todo esto me ha recordado la época en la que se rumoreaba con fuerza la posibilidad de una película de Friends o el original planteamiento escogido por Larry David y Cía para dar continuidad a Seinfeld -convirtiendo el regreso de la serie en una subtrama de Curb Your Enthusiasm

Nostagia amorosa. Un tipo de nostalgia bien diferente es la que siente Tommy Albright, el personaje interpretado por Gene Kelly, durante el epílogo de Brigadoon (1954) -el tercer y último musical que el astro rodó a las órdenes de Vincente Minnelli-: hastiado de su ajetreada vida en la gran ciudad y sin poder quitarse de la cabeza a la mujer de la que está enamorado, vuelve a Escocia en busca de un pueblo que parece haberse esfumado del mapa... Hace unos días revisamos la película en casa y, a pesar de seguir emocionándome con su desenlace, noté algo que suelo asociar más al cine de acción: eché de menos al protagonista cuando no estaba en pantalla. Me pasa igual durante las escenas de Muerte súbita en las que no aparece Van Damme, o con Bruce Willis en el último tramo de Mercury Rising -monopolizado por Alec Baldwin... 

Publicado en La Voz de Almería (20-4-18)

domingo, 15 de abril de 2018

Policías, gurús y juicios














El tiempo libre de la semana pasada lo dediqué, como de costumbre, a visionar tanto películas -entre ellas la polémica Elle, la simpática Grabbers o la ochentera Blue Steel, comentada aquí hace siete días- como series -por fin terminé la tercera temporada de Rick and Morty-, pero sobre a un género que no suelo visitar demasiado a menudo últimamente: los documentales; aunque en este caso fueran, técnicamente, 'series' documentales. 

Flint Town. Poco más de cien policías para una ciudad estadounidense de 100.000 habitantes, recién salida de un escándalo medioambiental y habitual en la lista de poblaciones más violentas. Ese es el planteamiento de esta producción que, a lo largo de ocho capítulos, intenta mostrar con todo lujo de detalles el microcosmos de la comisaría de Flint. Asistimos a turnos de noche, redadas, arrestos y demás actividades policiales, pero también a conversaciones íntimas, escenas caseras y momentos familiares. Rodada y editada como una película de alto presupuesto, y tan adictiva como la mejor serie 'de profesiones' -¿Urgencias?-, se podrá decir de Flint Town que es algo efectista, pero no se podrá negar que es tremendamente efectiva. 

Wild Wild Country. Un gurú de la India decide fundar una comuna en EEUU: eso es todo lo que sabía sobre esta serie -vendida con frases del estilo 'hay que verla para creerla'- y es quizás todo lo que hay que saber sobre ella para disfrutarla al máximo. Dotada de un gran apartado técnico, una banda sonora prodigiosa, un archivo audiovisual absolutamente descomunal -no quiero imaginarme el tiempo para seleccionar todo el material mostrado- y multitud de entrevistas a personas implicadas en los hechos, la serie tiene su verdadero punto fuerte, sin embargo, en una historia tan rocanbolesca y sorprendente que, cada cinco o diez minutos, es capaz de desencajar la mandíbula del espectador: en mi caso, al menos, lo consiguió. 

Making a Murderer. La historia de Steven Avery -arrestado por asesinato poco después de salir de la cárcel, tras pasar allí casi dos décadas por un crimen que, según el ADN, no cometió- fue la primera serie documental de gran éxito lanzada por Netflix y sin ella quizás no existirían todas las que vinieron después. Aunque carece de los recursos cinematográficos de los que hacen gala las dos anteriores propuestas, ello no la hace menos valiosa. Los temas musicales de Gustavo Santaolalla -en la línea de su obra maestra, la BSO del videojuego The Last of Us-, los endiablados entresijos de la historia y las absorbentes escenas judiciales -a veces de larga duración- hacen de ella una serie triste y dura, pero también adictiva e  imprescindible. 

Publicado en La Voz de Almería (13-4-2018) 

sábado, 7 de abril de 2018

Regreso al videoclub


Hace unos días tuve la suerte de visitar de nuevo -no lo había hecho desde su última y palpable renovación- el local de Aguadulce que más veces he frecuentado a lo largo de los últimos más de veinte años: el mítico videoclub 'Koki', tantas veces nombrado en esta columna -e incluso en la dedicatoria de alguno de mis libros-. Allí alquilé mi primer VHS -quizás Jungla de cristal III: la Venganza-, mi primer DVD -Windtalkers- y alguno de mis primeros Blu-ray -que paradójicamente no recuerdo-. ¿Anécdotas? Tendría para varios párrafos. Basta decir que el nº de socio de nuestra familia ¡es el 2!... Siempre me acordaré, por ejemplo, de cuando alquilamos por enésima vez El fugitivo -que yo ya había visto en una de las salas pequeñas de los Cines Imperial-: Antonio nos avisó de ello y le dijimos que éramos conscientes... O de cuando nos permitieron devolver DragonHeart sin haberla visto y cogerla al día siguiente. 

Antonio es hijo de Koki y quien lleva la siempre estupenda 'programación' del videoclub -últimos estrenos, animes, series...-. Con él estuvimos un buen rato hablando sobre todo tipo de temas: cine, televisión, VOD, piratería ¡e incluso política! Compartimos nuestra decepción con lo último de Alex Garland -personalmente, Aniquilación me aburrió hasta la médula-, debatimos sobre el binomio películas/series o sobre las carencias de plataformas como Netflix, Movistar+ o Amazon Video. En esta última tuve hace poco, precisamente, mi última 'sorpresa': me disponía a ver Blue Steel, un thriller con Jamie Lee Curtis y dirigido por Kathryn Bigelow que llevaba años queriendo ver, y comprobé que, para variar, no incluía subtítulos ni idioma original... Al final, por unas razones u otras, lo de menos fue la película a alquilar: La cordillera, protagonizada por Ricardo Darín; a mí me gustó -sin volverme loco- y en casa debatimos sobre la ambigüedad del desenlace e incluso de la propuesta en su conjunto.

Cada vez que leo algún artículo sobre la desaparición de otro videoclub en nuestro país -a lo largo de la última década han pasado de ser casi 10000 a menos de 500-, me acuerdo inmediatamente de 'Koki' y me alegro de que en mi familia sigamos alquilando y siendo el socio nº 2. De hecho, mucha gente se sorprende cuando hablo sobre su existencia, y diría que hay quienes piensan que los videoclubs desaparecieron por completo del territorio español. PD.: Antonio me dijo que estas últimas vacaciones de Semana Santa mucha gente que había vuelto a Aguadulce a pasar unos días le confesó cuánto echaban de menos un sitio así donde estaban viviendo actualmente; y yo le comenté que me pasaba exactamente lo mismo...   

Publicado en La Voz de Almería (06-04-18)

viernes, 16 de marzo de 2018

De Guillermo del Toro a 'Borgen'



Se hace difícil, después de unos días marcados por una de esas noticias insoportablemente tristes y en los que Almería ha copado portadas e informativos, pero toca volver a hablar de cine y televisión -a veces únicos reductos para huir de la tragedia y crueldad (in)humana... 

La forma del agua. Llego tarde a la función, pero confirmo que al final pude ver el último trabajo de Guillermo del Toro unas pocas horas antes de que el film consiguiera, entre otras, la estatuilla a Mejor Película. Como le dije a alguien ese mismo día, no me 'cambió la vida', pero me gustó bastante. Quizás mi mayor problema tiene que ver con su guión -la clásica caída de ritmo después de un portentoso segundo acto- y con el reparto de tiempo en pantalla -hubiera preferido más historia de amor y menos trama de espías-, pero escenas como la que termina con el rostro de Michael Shannon iluminado tras un corte de luz, el insuperable diseño de producción o el cariño de Del Toro para con sus personajes hacen que me olvide de ello. Además, no todos los días triunfa en los Oscars una película que visibiliza la masturbación femenina, que muestra un romance inter-especies y que incluye planos de automutilación. 

Women Power. Comento esto justo después del exitoso 8-M, pero es algo que llevo pensando mucho tiempo. Hace unas semanas, a mitad del visionado de Crudo (2016), tuve la sensación de que estaba dirigida y/o escrita por una mujer, algo que confirmé nada más aparecer los títulos de crédito. Y es que, casualidad o no, en los últimos tiempos aquellos thrillers o películas de terror que más me han impactado, y que más emociones me han hecho sentir, estaban realizados por directoras: Marina de Van -En mi piel, Don't Look Back-, Jennifer Kent -Babadook- o la propia Julia Ducournau -Crudo- son las primeras que me vienen a la mente. De hecho, uno de mis sueños literarios sería acometer un ensayo colectivo sobre este tema...

Y entonces llegó Rita. Estos días ando terminando la serie Borgen, y aunque aún estoy acostumbrándome al nuevo 'mapa' emocional y político planteado por el capítulo 21, de lo que más me acuerdo ahora mismo es del episodio de la segunda temporada en el que empezó a intervenir -dando vida a un personaje secundario pero vital- Mille Dinesen, protagonista de la única otra serie danesa que he visto en mi vida, Rita. Para colmo, capítulos después apareció también Peter Gantzler -su ex-marido en aquella otra serie-... PD.: acabo de descubrir que el reparto de una de mis eternas películas pendientes, The Duke of Burgundy, está encabezado por Sidse Babett Knudsen, protagonista de Borgen. Razón de más para terminar de decidirme. 

Publicado en La Voz de Almería (16-3-18)

viernes, 2 de marzo de 2018

Subtítulos, parecidos y animes

















Lost in Traslation. La semana pasada reconocía que estaba disfrutando recuperando películas recientes que me había perdido en cines gracias al Paquete Cine de Movistar+, pero también me quejaba de la falta de idiomas y subtítulos en una buena parte de las cintas que había añadido a Favoritos. Esta semana me ha seguido pasando lo mismo -ya no con giallos o cintas de terror de ínfimo presupuesto, sino también con una producción Disney como Zafarrancho en el rancho (2004)-, pero el premio se lo lleva 48 horas más (1990), la buddy movie de Walter Hill protagonizada por Eddie Murphy y Nick Nolte: el audio estaba desincronizado unas pocas milésimas de segundo -por decir algo- y el visionado no fue, precisamente, una maravilla. 

El efecto Winchester. Esta misma semana, viendo uno de los últimos capítulos de Trollhunters, encabezado por dos personajes secundarios -y en el que además se presentan, aún no sé si de forma chapucera o magistral, los dos futuros spin-offs de la serie creada por Guillermo del Toro-, me vino a la cabeza el episodio de Supernatural en el que Sam y Dean dejaban todo el protagonismo a los 'Ghostfacers'. Y tampoco puedo dejar de pensar en los Winchester estos días, mientras devoro la primera temporada de uno de esos animes considerados 'clásicos contemporáneos' y que a día de hoy aún tenía pendiente: Fullmetal Alchemist: Brotherhood: dos hermanos siempre envueltos en aventuras sobrenaturales repletas de drama y humor, y traumatizados por la muerte de su madre cuando eran pequeños. Sé que las diferencias son infinitamente mayores que las semejanzas -tanto con Fullmetal como con Trollhunters-, pero es lo que tiene haber visto cientos y cientos de capítulos de la serie de CW...  

30 animes. Esa es la cifra de series de animación japonesas que Netflix tiene previsto estrenar a lo largo de 2018 dentro de su -cada vez más ingente- catálogo de producción propia: es decir, creadas exclusivamente para la plataforma; las primeras en llegar serán B: The Beginning y A.I.C.O. Incarnation, con estreno programado para los próximos días. Como aficionado al anime la noticia no puede resultarme más alentadora, pero luego caigo en que los pocas producciones de animación japonesas que he dejado o he estado a punto de dejar a medias en los últimos tiempos eran, precisamente, originales de Netflix -Knights of Sidonia, ID-0 o Devilman Crybaby- y procuro bajar las expectativas; de todas formas, de treinta series tienen que salir, por pura estadística, un buen puñado de series como mínimo interesantes -y ojalá que alguna que otra obra maestra-. Como suelo decir: seguiremos informando...  

Publicado en La Voz de Almería (02/03/18)

viernes, 23 de febrero de 2018

'Black Panther' y otros temas

















Un repaso a la última -y exitosa- propuesta de Marvel Studios, un par de comentarios sobre la plataforma VOD líder en nuestro país y una mención al binomio 'comedia/autobiografía'. 

Black Panther. ¿Recuerdan que a principios de año comenté -otra vez- la pereza que me producía enfrentarme a las nuevas entregas de los universos DC, Star Wars o Marvel? Pues debo reconocer que la película dirigida por Ryan Coogler se ha convertido ya en mi película favorita del universo marvelita, junto a Capitán América: El soldado de invierno. ¿La vería otra vez? No estoy seguro. ¿Disfruté en el cine? La respuesta es sí, y eso para mí es ya un triunfo dado mi reciente historial con el sello superheróico de Disney. ¿Los motivos? Una trama entretenida -de verdad que solo le pido eso a una película 'de entretenimiento'-,  un reparto solvente, un diseño de producción de lo más vistoso, una banda sonora estupenda -me enamoraron, sobre todo, los temas orquestales a cargo de Ludwig Göransson- y, para qué negarlo, un grupo protagonista conformado en su inmensa mayoría por mujeres y personas de raza negra: dos colectivos invisibles en la mayoría de blockbusters venidos de Hollywood. 

Pros y contras. Desde hace unos días en casa nos hemos suscrito al Paquete Cine de Movistar+ y los sentimientos son encontrados. Por un lado, ha sido estupendo recuperar un montón de películas que no habíamos podido ver en cines a lo largo de los últimos años -por tiempo, presupuesto o ambas cosas-. Pero por otro lado -y aquí entramos de lleno en el territorio 'problemas del Primer Mundo'-, la experiencia con la aplicación en sí misma es como poco decepcionante: unos menús que al retroceder te llevan cien filas más arriba y, sobre todo, el comprobar que casi la mitad de las cintas que había añadido a la lista de favoritos carecen de versión original y/o subtítulos. En cualquier caso, de aquí a un mes seguiremos informando... 

Trevor Noah. Hace unas semanas, a raíz de la cancelación de One Mississippi -tras solo dos temporadas en Amazon Video-, leí en internet un comentario que venía a subrayar el hecho de que casi todos los humoristas/monologuistas que deciden sacar adelante un proyecto de ficción terminan inspirándose o recurriendo directamente a su biografía: Louie, Master of None, la citada One Mississippi... No sé qué pensaría este usuario del nuevo proyecto de Trevor Noah -muy recomendable su especial de Netflix Afraid of the Dark-: una adaptación cinematográfica de su propia novela autobiográfica Born a Crime, que a su vez comparte muchos elementos con su documental You Laugh But It's True -también bastante interesante. 

Publicado en La Voz de Almería (23/02/18)

viernes, 16 de febrero de 2018

Series, cine y pensamientos



Después de sobrevivir a San Valentín y al Martes Trece, este viernes toca comentar series que se acaban -para volver en un futuro no demasiado cercano-, distopías setenteras, teorías cinéfagas y un breve avance de la próxima semana. Luces, cámara... ¡Acción!

La última frontera. Esta semana terminó la primera temporada de Star Trek: Discovery y lo más seguro es que tengamos que esperar hasta 2019 para ver nuevos episodios protagonizados por Burnham, Saru, Tilly o Stamets. Hacía mucho tiempo que no seguía una serie semana a semana -con la excepción de Doctor Who- y no ha estado mal esto de esperar siete días o más para conocer el destino de situaciones y personajes. La serie de CBS All Access ha contado, a su vez, con una herramienta estupenda para generar una mayor base de fans: la tertulia semanal After Trek: que un desconocedor del universo trekkie como yo haya disfrutado tanto de la serie como del talk show dice mucho del nuevo rumbo adoptado por la veterana franquicia. 

Soylent Green. El pasado fin de semana vi por fin Cuando el destino nos alcance (1973), una de las películas responsables -junto a El planeta de los simios o El último hombre... vivo- de que el nombre de Charlton Heston nos traiga a la mente futuros inciertos y distopías más pertinentes que nunca. Ya conocía el desenlace y, sobre todo, el famoso giro final de la historia -algo que me ha ocurrido, y supongo que no seré el único, con más de un clásico del séptimo arte-,  pero ello no me impidió disfrutar de la película o, incluso, emocionarme con alguna escena. Sin ser una obra maestra -la trama criminal no es para tirar cohetes-, sus noventa minutos me ofrecieron un universo infinitamente mejor retratado que el de la reciente Altered Carbon.

El paso del tiempo. El tema daría para una sola columna -¿cuántas veces he dicho esta frase?-, pero no quería dejarlo pasarlo por alto. El caso es que a veces me da por pensar que tal vez mi 'yo' de hace veinte años disfrutaría de cintas que hoy encuentro aburridas y bastantes faltas de gracia -algo que últimamente podría aplicar a casi cualquier blockbuster-; y de hecho hay películas que no me disgustaron de pequeño y que ahora no soporto. Pero luego recuerdo que films como Los Vengadores -la de 1998-, Caza legal o Batman y Robin -curiosamente, ¡las tres vistas en el Teatro Cervantes!- me parecieron horribles ya en su momento...    

Black Panther. A principios de año aseguré que no estaba entre mis planes acudir al cine a ver la nueva película en solitario de Marvel Studios, pero el destino ha querido cruzar en mi camino un pase matinal este domingo: de modo que en siete días... la comentamos. 

Publicado en La Voz de Almería (16-02-18)