domingo, 25 de diciembre de 2016

McClane, HBO y Amazon

















Ya se acerca la Navidad y este pasado fin de semana tocó volver a ver, como ya es casi tradición en casa, las dos primeras entregas de ‘La jungla de cristal’: las dos únicas películas navideñas de toda la saga y, para mí, las dos únicas verdaderamente protagonizadas por el agente de policía John McClane; lo curioso es que la primera que vi en su día fue la tercera -doscientas o trescientas veces, gracias al videoclub de mi barrio-, pero a día de hoy la veo más como un ‘universo alternativo’ que como una verdadera continuación de las anteriores. Sobre la cuarta y la quinta -hasta hace muy poco se rumoreaba incluso una sexta-, lo mejor será que corramos un tupido velo…
En cuanto al ‘HBO’ del título, no es que la afamada cadena de televisión haya decidido poner en marcha una serie encabezada por John McClane, sino que por fin ha llegado a nuestro país. Como buen seriéfago, nada más enterarme de la noticia corrí a suscribirme al mes gratuito de prueba; ahora bien: debido a que todavía no existe aplicación para consolas y a los problemas de velocidad que experimenté en el portátil, de momento solo he disfrutado algún que otro capítulo… en el móvil. Mis dos series favoritas en activo se emiten en HBO -The Leftovers y Curb Your Enthusiasm, las cuales tengo incluso en formato físico-, pero mucho tiene que mejorar la cosa para que renueve…


Y para rematar la faena, hace unos días aterrizó también en nuestro país Amazon Prime Video, el servicio de ‘video a la carta’ del gigante del comercio electrónico. En este caso, la experiencia ha sido también algo incómoda, sobre todo por el escaso contenido subtitulado al castellano, al menos en comparación con sus competidores; un contenido, eso sí, totalmente gratuito -de momento- para los afiliados a Amazon Premium y más que asequible para el resto de interesados. Netflix también recibió muchas críticas en sus inicios, así que les daremos un poco de margen a los dos nuevos invitados, pero no cabe duda de que HBO y Amazon podrían haber llegado algo más preparados…   

PD.: Hoy hace justo un año llegaba a los cines Star Wars: El despertar de la fuerza, la tan comentada séptima entrega de la epopeya galáctica. Curiosamente, este fin de semana le toca el turno a Rogue One: Una historia de Star Wars, el primer spin-off cinematográfico de la saga -y los que nos quedan-. Tras el nerviosismo que produjo entre muchos aficionados el rodaje de nuevas escenas hace solo unos meses, parece que las primeras impresiones y reseñas han sido bastante positivas. Quien esto escribe tiene pensado verla este domingo, así que en la próxima columna hablaremos largo y tendido.


Publicado en La Voz de Almería (16-12-2016)

jueves, 15 de diciembre de 2016

Punto y aparte

















El artículo de la semana pasada terminaba con una pequeña mención al retorno de Las chicas Gilmore, en forma de nueva mini-serie de Netflix. Quien esto escribe disfrutó bastante del reencuentro con Lorelai, Rory, Emily, Luke, Kirk, Taylor, Michel y ese largo etc. que conforma la entrañable fauna de Stars Hollow. Tuve mis ‘peros’, por supuesto -la irregular trama de Lorelai o los estirados números musicales-, pero a esta serie lo que siempre le he pedido son sonrisas, carcajadas, ternura y emoción, y de eso hubo mucho en estos cuatro nuevos capítulos. Ahora la cuestión es saber si este será el prometido ‘broche final’ o si Netflix no tardará en anunciar una nueva temporada…
Punto y aparte. Este pasado domingo fui a ver, por fin, La llegada, la última película de Denis Villeneuve -responsable de la inminente secuela de Blade Runner, ahí es nada- y una nueva incorporación a ese panteón de largometrajes que, al parecer, ‘amas u odias’: hay gente que la considera una de las mejores historias de ciencia-ficción del séptimo arte y hay quienes casi piden el dinero a la salida del cine. Personalmente, no me posiciono en ninguno de ambos extremos. Encontré aspectos muy interesantes y escenas para enmarcar -la hipnótica llegada a la estación militar, el posterior laberinto de pasillos, el ‘primer contacto’-, pero el tan comentado desenlace no me llegó a emocionar; y eso que contaba con la ayuda del compositor Max Rithcer -cuyas partituras me hacen recurrir a los clínex en casi todos los capítulos de The Leftovers.

La llegada (2016)

Punto y aparte. Esta semana vimos en casa dos películas ‘Disney’. Una de ellas fue El viaje de Arlo, la problemática producción de Pixar que, finalmente, quedó un tanto relegada tras el estreno de la exitosa Del revés. ¿Factura técnica? De 10 y un nuevo referente en cuanto a animación digital. ¿Historia? Tópica, típica y con escaso margen de revisión. Justamente lo contrario que Mulan, la otra película ‘Disney’ -esta vez 100%- que vimos aquel día: canciones de lo más efectivas -sobre todo esa maravilla titulada I’ll make a man out of you-, personajes carismáticos, humor y drama en su justa medida… Una historia a la que no me importó volver de nuevo, por enésima vez.

Punto y aparte. Estos días ando terminando la tercera temporada de Bojack Horseman: me costó un poco terminar la primera tanda de capítulos pero, como ya había leído en numerosas ocasiones, lo mejor viene después. No siempre conecto con el humor de la serie o con sus gags, pero su carga dramática/melancólica/depresiva, su compromiso emocional con los personajes y sus experimentos narrativos me parecen dignos de aplauso.

Bojack Horseman (2014-)

Publicado en La Voz de Almería (9-12-2016) 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Oscar, Jackie y las Gilmore

















Hace ya casi tres semanas desde que el protagonista de la saga ‘Hora punta’ -quizás su trabajo más conocido a nivel internacional- recibiera un Óscar honorífico por toda su carrera. Algunas personas lo han tachado de auténtico disparate, otras lo han recibido con entusiasmo -sobre todos los aficionados al cine de Jackie Chan, obviamente- y hay quienes entienden el premio solo como un paso más en el camino de Hollywood para venderse definitivamente al mercado asiático. Aunque es conocida mi casi total desconexión con los Óscar en las últimas décadas, mi primer libro estuvo dedicado a la estrella hongkonesa, por lo que he creído necesario dedicarle unas líneas a este asunto.
Antes de nada, ¿tan complicado es comprender la diferencia entre un Óscar tradicional y un Óscar honorífico? Algunos de los sorprendidos/ofendidos con que la Academia haya concedido este premio a Chan, quizás pasan por alto que no se le ha otorgado por una actuación dramática o cómica concreta, ni como guionista, director o productor por una película determinada, sino por sus casi seis décadas delante y detrás de las cámaras. Por mi parte, y aunque soy de los muchos que opinan que ‘Jackie’ -el gran Viruete comentó en su día que debería haberme referido a él así a lo largo de todo el libro- no necesitaba de un Óscar para demostrar su valía,  esbocé una gran sonrisa al enterarme de la noticia.  


Me permitiré incluir -para finalizar esta mini-reflexión- un pequeño extracto de La leyenda del luchador borracho, en el que intentaba responder a la clásica pregunta ‘¿Es Jackie Chan la mejor estrella de acción de todos los tiempos?’ -dichosas etiquetas…-: “Para quien esto escribe la cuestión es bastante sencilla: Bruce Lee forma parte de la cultura universal, Sammo Hung es toda una institución del cine hongkonés, Yuen Biao ha demostrado de sobra sus habilidades físicas, Jet Li ha conseguido firmar una carrera impecable, Tony Jaa ha hecho de los rodillazos su inolvidable ‘marca de la casa’ y Donnie Yen es un trabajador incansable; pero ninguno de ellos se ha esforzado o sacrificado tanto como Chan a la hora de entretener, fascinar e impresionar a su público”

PD.: el pasado fin de semana, y tras casi una década ausentes de la pequeña pantalla, volvieron las Chicas Gilmore en forma de miniserie de cuatro capítulos -eso sí, cada uno de una hora y media de duración, lo que equivale casi a media temporada ‘de las de toda la vida’-, gracias a Netflix y su productiva afición por aprovechar la nostalgia del público televisivo -ahí están Madres forzosas o Stranger Things  para confirmarlo-; el viernes comentaremos cómo han aguantado el tiempo Lorelai, Rory y compañía…


Publicado en La Voz de Almería (25-11-2016) 

domingo, 20 de noviembre de 2016

No vuelvas atrás, Tom
















Tras las -relativas- decepciones de crítica y público que supusieron Valkiria (2008) y Noche y día (2010), Tom Cruise volvió en plena forma con la cuarta aventura cinematográfica de Ethan Hunt -Misión imposible: Protocolo fantasma-; a partir de entonces, y de forma extraordinariamente regular -una vez al año, como Papá Noel-, ha estrenado una serie de títulos de acción y/o ciencia-ficción de lo más envidiables: Jack Reacher, Oblivion, Al filo del mañana y Misión: imposible – Nación Secreta. El pasado fin de semana llegó a nuestras salas Jack Reacher. Nunca vueltas atrás (2016) -secuela del primer título de esa lista- y, por mi parte, solo puedo hablar de profunda decepción. 
La primera entrega es una de esas películas de acción que no me canso de ver: hace unos meses la estaban echando en televisión y -cosa rara en mí- me quedé a verla de nuevo hasta el final, a pesar de que tengo el Blu-ray en la estantería. El buen hacer de Christopher McCarrie a los mandos del guión y la dirección, el impactante prólogo, la estupenda persecución automovilística a mitad del metraje -sin banda sonora-, las variadas escenas de ‘pelea’, la absorbente partitura de Joe Kraemer, el impresionante plantel de secundarios, el carisma de Cruise… Todos los elementos suman para hacer de ella una película a la que, como he dicho antes, no me importa volver de vez en cuando.

Jack Reacker (2012)

Es por eso que no logro entender cómo se han logrado torcer tanto las cosas en esta secuela: la trama es de lo más aburrida -y carece de los giros de la primera entrega-; las escenas de acción no tienen personalidad; Cruise parece estar con el piloto automático; y la introducción de dos nuevos personajes femeninos, a pesar de que es coherente con la loable dinámica presente en sus últimos trabajos -compartir todo el peso de la función con la actriz principal del reparto-, acaba convirtiendo a Jack Reacher en secundario de su propia historia. Por no hablar del doblaje -esta vez me fue imposible optar por la versión original-: de los peores que he escuchado en mi vida, sin exagerar. 

Hace poco más de un año, Rafa Martín –de la web Las Horas Perdidas- finalizaba su reseña de Misión: imposible – Nación Secreta (2015) afirmando: “El mayor temor que produce (…) es saber que la saga tiene los días contados y (…) todos sabemos cómo se derrumbará el castillo. Comenzará con el primer achaque de Cruise, su primer gesto de cansancio, su primer acto de desdén (…)”. Esperemos que esta segunda entrega de Jack Reacher no sea el primer ‘gesto de cansancio’ en la carrera reciente de un actor/productor que lleva muchos años proporcionando entretenimiento de calidad.

Jack Reacher. Nunca vuelvas atrás (2016)

Publicado en La Voz de Almería (18-11-2016) 

lunes, 14 de noviembre de 2016

"Al final del pasillo..."

















La columna de hoy iba a estar dedicada al reciente Salón del Manga de Barcelona y a recomendar varias series de animación japonesas, pero… los resultados en las elecciones estadounidenses, celebradas esta misma semana, han hecho descarrilar esa intención. Como esta columna está dedicada al cine y a la televisión, obviaremos cualquier análisis político -aunque supongo que sospecharán mi postura al respecto- y nos limitaremos a comenzar diciendo que, veintisiete años después, EEUU vuelve a tener un presidente con una carrera previa en el mundo del espectáculo: entonces fue Ronald Reagan -1981/1989- y ahora le toca el turno al ya archiconocido Donald Trump.
Hagamos un repaso: el reality show empresarial El aprendiz (en antena desde 2004) -el sustituto de Trump en la 15ª temporada del programa será… Arnold Schwarzenegger, el segundo actor metido a político que aparece en esta columna-, las retransmisiones televisivas de Miss Universo -el ahora presidente de EEUU fue dueño de la compañía que desarrolla el concurso entre 1996 y 2015-, multitud de cameos en series y largometrajes -de la serie Sexo en Nueva York a la comedia romántica Amor con preaviso (2002), pasando por Solo en casa 2: Perdido en Nueva York (1992), en la que indicaba a Macaulay Culkin que la salida estaba ‘Al final del pasillo, a la izquierda’-…

Donald Trump en Solo en casa 2: Perdido en Nueva York (1992

Durante uno de los paneles de la Comic Con de 2015 -por entonces el magnate acababa de presentar su candidatura, pero lo de esta semana parecía casi impensable-, uno de los protagonistas de Supernatural -Jared Padalecki- afirmó que ellos ya habían tenido a su Donald Trump particular; se refería al empresario mediático Dick Roman, villano de la séptima temporada y líder de Los Leviatanes: unos seres creados por Dios en el principio de los tiempos, encerrados en el Purgatorio y, tras escapar de este último, obsesionados con hacer de la Tierra su restaurante. Curiosamente, en casa estamos terminando ahora esta séptima temporada, tras un tiempo sin acompañar a los hermanos Winchester en sus aventuras -ahora andamos de nuevo totalmente enganchados…

Para no romper del todo con el espíritu original de la presente columna, aprovecharé estas últimas líneas para recomendar tres animes para ver este fin de semana, en caso de que alguien necesite ‘huir’ de la actualidad política internacional: Mushishi -nunca pensé que una serie tan relajante pudiera ser tan adictiva-, Psycho-Pass -la ciencia-ficción distópica elevada a la máxima potencia- y Puella Magi Madoka Magica -un brutal giro de tuerca al subgénero magical girl del que casi es mejor no saber nada de antemano.

Supernatural (CW)

Publicado en La Voz de Almería (11-11-2016) 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Doctor Strange
















Un reparto de campanillas -Benedict Cumberbatch, Tilda Swinton, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Mads Mikkelsen-, unos efectos digitales a la altura de este tipo de superproducciones, Michael Giacchino a cargo de la banda sonora, una historia y un personaje principal con muchísimas posibilidades -viajes astrales, control temporal, portales dimensionales, artefactos mágicos-… Es obvio que Marvel Studios no ha escatimado en gastos ni en ambición a la hora de plantear su catorceava película -hace ya ocho años de Iron Man (2008)-, y lo cierto es que la mayoría del público y la crítica especializada ha acogido de muy buen grado la propuesta de Doctor Strange.    

En varias ocasiones a lo largo del metraje, el superhéroe interpretado por Benedict Cumberbatch sale de su cuerpo físico y se desplaza por el plano astral; a mí me pasó algo muy parecido mientras estaba sentado en la butaca del cine, este pasado domingo. Cuando el protagonista, durante una conversación con un Maestro de las Artes Místicas, empieza a nombrar a varios cantantes famosos -Adele, Beyoncé, Eminem, Drake-, me ‘salí’ totalmente de la película y creo que no volví a entrar en ella hasta los créditos finales -quizás la única parte del largometraje que disfruté realmente, gracias al estupendo tema musical The Master of the Mystic Arts compuesto por Giacchino.


Y es que no fue el enésimo villano sin sustancia del Universo Cinematográfico de Marvel, ni la poca profundidad en el personaje principal -egocéntrico, ‘graciosete’ y poco más-, ni el hecho de ser un remake  encubierto de Iron Man, lo que más me ‘sacó’ de la historia, sino la sensación de estar presenciando un continuo festival de ‘humor blanco’ aderezado con escenas de acción y emoción. Soy el primero que disfruta viendo al protagonista de una cinta de acción pronunciar frases lapidarias y chistosas cuando el villano ya está muerto o no puede escucharle -solo el público-; pero cuando vi al Doctor Strange hacer esto mismo al final de la película, de verdad que no daba crédito. 

PD. Justo el día anterior habíamos hecho doble sesión cinéfaga en casa, revisando Truco o trato (2007) -¿un clásico del terror contemporáneo?- y Los mercenarios 3 (2014) -quizás la peor y más auto-consciente entrega de la saga-. Con ambas lo pasé muchísimo mejor que con Doctor Strange. Digo esto para dejar claro que yo veo cine, principalmente, para emocionarme, de la forma que sea: riendo, llorando, pasando miedo, liberando adrenalina…; obviamente, la última cinta de Marvel Studios no consiguió hacerme sentir nada de eso, y yo seguiré quedándome con las dos primeras películas del Capitán América.


Publicado en La Voz de Almería (4-11-2016) 

sábado, 5 de noviembre de 2016

"Esto es Halloween"...

















Sin comerlo ni beberlo, ya estamos a finales de octubre: el otoño va arrancando muy poco a poco -“poner chaqueta, quitar chaqueta”, que decía el personaje de Jackie Chan en la nueva versión de Karate Kid (1984)-, mañana nos toca hacer el cambio de hora -dentro de lo que cabe, tendremos sesenta minutos más para… hacer lo que queramos-, ya falta menos de un mes para el regreso de Las chicas Gilmore -gritemos todos y todas, ¡25 de  noviembre!- y la semana que viene llega el Día de Todos los Santos; y con él, la ya clásica polémica sobre la creciente invasión cultural y comercial que supone la Fiesta de Halloween -cuya celebración, a este paso, se va a alargar tanto como la Navidad… 
Quienes me conocen saben que tengo especial debilidad por el género de terror, así que el 31 de octubre no supone exactamente una revolución dentro de la ‘programación’ habitual, pero aún así cada año Halloween sigue siendo una excusa ideal para organizar una estupenda tarde-noche de suspense, escalofríos, sustos y/o diversión frente al televisor. En este sentido, Trollhunter (2010) -cuya versión USA sigue sin llegar-, Truco o trato (2007) -su director, Michael Dougherty, continúa dando esperanzas sobre la tan postergada secuela- o San Valentín sangriento (1981) -hace poco volvimos a revisar el remake y lo dejamos a la mitad- han sido algunas de las elegidas durante los últimos años.

Scream (especial Halloween - 2016)

Este 2016 la cosa aún está por decidir: Dark Water (2002) -aún recuerdo el grito que solté durante el último ‘susto’ la primera vez que la vi-, House, una casa alucinante (1986) -fue una gozada ver su tráiler original antes de Aliens. El regreso, en la reciente edición del Festival de Sitges-, la ya mencionada Truco o trato (2007) -sí, otra vez-… De todas formas, este año la festividad se ha adelantado y el fin de semana pasado ya tocó repetir visionado de La cabaña en el bosque (2012) -a todo esto, Joss Whedon ya ha anunciado que su nueva película será de… terror- y arriesgarse a ver el episodio especial de la televisiva Scream -¡más disfrutable que toda la segunda temporada!
En cuanto a la pantalla grande, las carteleras españolas recibirán este fin de semana un único estreno de terror, la secuela Ouija: El origen del mal (2016) -ya comentada la semana pasada en esta misma columna-. El film de Mike Flanagan, no obstante, tendrá compañía dentro de siete días, de la mano de Blair Witch (2016), secuela -esta vez sorpresa- del mítico found footage estrenado en 1999: eso sí, la que en un principio se anunciaba como la película que cambiaría el género -un clásico del marketing- parece haberse quedado en remake encubierto… En cualquier caso, ¡Feliz Halloween!

La cabaña en el bosque (2012)

 Publicado en La Voz de Almería (28-10-2016)

miércoles, 26 de octubre de 2016

Hablando de todo un poco
















Los próximos viernes ya tienen adjudicados los temas a tratar en esta columna: sugerencias para ver durante esa festividad tan dada al disfrute cinematográfico que es Halloween -o, si lo prefieren, durante el Día de Todos los Santos-, la correspondiente reseña de Doctor Strange (Doctor Extraño) -me encanta ese paréntesis-, la crónica del próximo Salón del Manga de Barcelona -del manga, pero también del anime, el j-pop y la cultura japonesa en general-… A lo largo de esta semana, sin embargo, ningún asunto llamaba tanto mi atención como para dedicarle cuatro párrafos y es por eso que esta columna empieza con Spielberg y termina con la Fiesta del Cine, pasando por… la ouija.    

“No, no me siento influenciado porque en los videojuegos no hay narración (…). En estos últimos no hay historia (…). Los videojuegos son experienciales (…). No satisfacen el profundo anhelo que todo espectador siente: que le cuenten una buena historia”. Ya puse estas palabras de Steven Spielberg -durante una entrevista concedida en junio a Fotogramas- en mis redes sociales, hace algunos meses, pero estos últimos días he vuelto a pensar bastante en ellas, tras volver a jugar a The Last of Us y empezar Life is Strange. Comprendo a qué se refiere el Rey Midas y que seguramente estaría pensando en un tipo muy concreto de videojuegos, pero sigo sin estar para nada de acuerdo…

Life is Strange (2015)

De los videojuegos de última generación a un juego ‘de toda la vida’. El 28 de octubre se estrena Ouija: El origen del mal, cuyas excelentes críticas parecen incompatibles con el hecho de ser una precuela -algo ya de por sí bastante peligrosa en el Hollywood actual- de uno de los largometrajes de terror con peor acogida de los últimos años: Ouija (2014). Pero claro, todo cambia cuando descubrimos que quién está detrás de las cámaras es Mike Flanagan, un director cuya filmografía -desde su cortometraje Oculus: Chapter 3 a la reciente Hush, y a falta de ver Somnia- encuentro más que interesante. Lo que no tengo claro es si ahora tendré que obligarme a ver Ouija

El film de Mike Flanagan no podrá verse durante la próxima Fiesta del Cine, pero sí estrenos de este fin de semana como La chica del tren -adaptación del mega-éxito literario, con Emily Blunt encarnando a la protagonista-, El contable -en la que Ben Affleck descansa de sus labores como director y de su traje de Batman- o Hardcore Henry -bastante deudora, al parecer, de los videojuegos a los que parece referirse Steven Spielberg-. Una Fiesta que se celebra, para no faltar a la tradición -bastante comprensible desde el punto de vista comercial-, justo antes del gran estreno de la temporada -Doctor Strange (Doctor Extraño)

Cartel promocional de la última Fiesta del Cine

Publicado en La Voz de Almería (21-10-2016) 

jueves, 20 de octubre de 2016

Festival de Sitges - 2016
















Trekkies, zombis, grandes figuras del séptimo arte y la pequeña pantalla como Christopher Walken, Max Von Sydow, Paul Schrader o Bruce Campbell, y -sobre todo- cientos de miles de espectadores, se han dado cita este año en el Festival de Sitges, el cual termina pasado mañana con las acostumbradas maratones -en las que se rescatan los títulos más destacados de cada edición-, y durante el que se ha rendido homenaje a los 50 años del universo ‘Star Trek’ -curiosamente, el año que viene se cumplen también cinco décadas desde la primera edición del festival-. Quien esto escribe tuvo la oportunidad de ver siete películas a lo largo de tres días y he aquí una breve crónica.

The Girl with All the Gifts continúa el romance del cine británico reciente con el ‘cine zombi’ de calidad y ofrece un relato que, si bien puede recordar en muchos aspectos a esa obra maestra del videojuego llamada The Las of Us, es también un soplo de aire fresco en muchos sentidos. En cuanto a Shin Gojira, supone el regreso de Godzilla a la cinematografía japonesa y sus responsables ofrecen una clase magistral de cómo hacer atractivas y entretenidas la interminable sucesión de reuniones políticas y burocráticas que recorre el metraje, amén de ofrecer un enfoque bastante curioso de la mítica criatura -utilizando técnicas de última generación para ofrecer un look de la vieja escuela.

Imagen promocional de Aliens (El regreso) (1986)

Promocionada como una mezcla entre ‘Solo en casa’ y ‘Scream’, Safe Neighborhood reúne de nuevo delante de las cámaras a los dos ‘hermanos’ de La visita (2015) -aunque aquí quien se lleva la palma es el jovencísimo Levi Miller- y es una de esas películas entretenidísimas y llenas de giros de guión -además de mucho humor negro- de las que es mejor no saber casi anda antes de verlas. The Autopsy of Jane Doe, por su parte, trajo de nuevo a Sitges al director de Trollhunter (2010) con una historia de terror la mar de efectiva, en la que la ambientación, la trama y los personajes -entrañables Brian Cox y Emile Hirsch como padre e hijo- ganan por goleada a unos ‘sustos’ algo más genéricos.  

Una nostálgica proyección de la magistral Aliens (El regreso) (1986) -con la presencia de Michael Biehn y un sistema de traducción simultánea algo criticado y que recordaba la experiencia vivida en la misma sala treinta años atrás-, los muy disfrutables tiroteos y persecuciones de la china Operation Mekong -otro vehículo de acción/apisonadora a los que nos tiene acostumbrados Dante Lam- o la posibilidad de conocer en persona a Don Coscarelli -que presentaba Phantasm: Ravager- fueron otros de los momentos vividos en un festival que es ya una segunda casa y al que siempre es un placer volver.  

Con el cineasta Don Coscarelli (Sitges, 2016)

Publicado en La Voz de Almería (14-10-16)

jueves, 13 de octubre de 2016

El verano de 2016




Hace hoy justo tres meses -día arriba, día abajo- despedía esta columna deseándoles un verano lleno de placeres cinematográficos, no sin antes repasar los blockbusters estrenados durante la temporada estival de aquel ya lejano 1996: Mission: Impossible, La Roca, Twister, Independence Day… No sé ustedes -vosotras, vosotros-, pero quien esto escribe ha añorado, más que nunca, las sensaciones  veraniegas de otras épocas, al menos en lo que a grandes estrenos en pantalla grande se refiere; es cierto que el año pasado las últimas entregas de Mad Max y ‘Misión Imposible’ dejaron el listón muy alto -al menos en mi opinión-, pero lo de este verano ha sido más bien decepcionante.

Siendo justos, este verano solo he acudido a ver tres blockbusters: los visionados de Buscando a Dory y Star Trek: Más allá me resultaron entretenidos y hasta con ciertos hallazgos o escenas a destacar, pero Escuadrón Suicida se convirtió, con el paso de los minutos, en una de las experiencias cinematográficas más desalentadoras que he experimentado durante los últimos años -no miento: me entraron ganas de salirme del cine-: tanto como para prometerme a mí mismo no volver a comprar una entrada para una película de Warner/DC que, previamente, haya sido masacrada por la crítica especializada: sí, “la mejor opinión es la de uno mismo”, pero todo tiene un límite.

Escuadrón suicida (2016)

En cuanto a la secuela de Independence Day (1996), la última entrega protagonizada por Jason Bourne, la exitosa versión CGI de El libro de la selva (1967) o la nueva Los cazafantasmas (2016), ninguna de ellas me interesó lo suficiente como para acercarme al cine a verlas. Este verano, de hecho, las películas que más he disfrutado en pantalla grande fueron estrenadas hace ¡treinta años! Dentro del laberinto (1986) y Victor o Victoria (1982) fueron lo mejor de esta temporada estival y reforzaron esa idea -quizá equivocada- que viene rondándome desde hace años: ya no se hace cine comercial como el de antes -y no, no creo que el manido ‘factor nostalgia’ sea la única respuesta posible.

¿Y qué nos espera durante los próximos meses? Yo dejo aquí mi particular ‘lista de deseos’: Viaje a Italia -¡por fin!-, Jack Reacher. Nunca vuelvas atrás -¿hasta qué punto se notará la ausencia de Christopher McCarrie?-, La La Land -el musical de Damien Chazelle, aún sin fecha de estreno en España-, Baby Driver -lo nuevo de Edgar Wright, ya en marzo de 2017-…  PD. Mañana toca viajar hasta el Festival de Sitges y empaparse de cine fantástico en pantalla grande: el nuevo ‘Godzilla’, el 30º aniversario de Aliens (El regreso) (1986), etc.; el próximo viernes, la correspondiente crónica. 

Victor o Victoria (1982)

Publicado en La Voz de Almería (7-10-2016)

lunes, 11 de julio de 2016

El verano de 1996

















Esta semana se cumplen veinte años del estreno de Mission: Impossible (1996): el film dirigido por Brian de Palma -y protagonizado por el incombustible Tom Cruise, que a sus 54 años sigue empalmando un rodaje tras otro- cambió mi forma de ver el cine de acción y me hizo conocer a un cineasta que hoy forma parte de mi altar particular, junto a John Carpenter y Dario Argento. El prólogo en blanco y negro, la explosión en el restaurante, Cruise suspendido encima de un ordenador, el tren-bala y el helicóptero del clímax final… Escenas que han quedado para siempre en mi recuerdo cinéfilo, desde que las vi hace dos décadas, en mi añorada Sala 4 de los Cines Imperial de Almería.

No sé cuantas películas vi de pequeño y adolescente en aquella sala Sala 4, o en las tres pequeñas que estaban al otro lado de la calle, o en el Cine Cervantes, o en el Cine Roxy, o en las Terrazas de Aguadulce; pero sí que aquel verano, el de 1996, fue especial, muy especial. Porque solo unas semanas después de Mission: Impossible, llegó el turno de… Twister: dirigida por un Jan de Bont recién salido del éxito de Speed (1994) y protagonizada por Helen Hunt -y por el gran Bill Paxton- en uno de esos papeles femeninos que tanto se echan -o echo- de menos en los blockbusters actuales, la película no era una obra maestra, pero también marcó a fuego mi despertar cinéfago.


Como no hay dos sin tres, a la semana siguiente -ya a principios de agosto- llegó otro de los grandes estrenos del verano: ¡La Roca! Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, estoy tatareando el glorioso tema principal compuesto por Hans Zimmer y Nick Glennie-Smith. Nicolas Cage, Ed Harris y Sean Connery al frente del reparto, un Michael Bay pre-Transformers y seguramente la mejor frase promocional de la historia del cine: “Alcatraz. Solo un hombre ha podido escapar. Ahora cinco millones de vidas dependen de que dos hombres consigan entrar”. Para rematar, en septiembre llegó a España Independence Day -que no se proyectaba en la sala 4 de los Imperial, sino en el Cervantes-…

En definitiva, unos meses llenos de acción, emoción y efectos especiales, que por aquel entonces -a mis catorce años- me parecieron los mejores de toda mi vida: veinte años después creo que, en lo que se refiere al terreno de los blockbusters, dicha afirmación no iba muy desencaminada… Para colmo, aquel 1996, y fuera de la temporada estival, llegaron títulos tan míticos -al menos para quien esto escribe- como Scream, 2013: Rescate en L.A., Beautiful Girls, Abierto hasta el amanecer. PD.: os deseo a todos y todas que paséis un verano estupendo y, sobre todo, lleno de placeres cinematográficos.


Publicado en La Voz de Almería (8-7-2016)

sábado, 2 de julio de 2016

Hasta siempre, Bud


He vuelto a Madrid y Barcelona, pero no a Almería. Allí no había nada. Recuerdo que teníamos que coger un tren de la capital que nunca pasaba. Eran el fin de una España poco poblada aún. Eso sí, su gente era extraordinaria, magnífica, verdadera, amable, sensata, simpática, única”. Bud Spencer -el nombre artístico de Carlo Pedersoli- pronunció estas palabras en 2015, durante una entrevista promocional de su cuarto libro, Lasciatemi Passare (‘Déjenme pasar’). El actor, fallecido este pasado lunes, rodó en nuestra provincia títulos como Dios perdona… ¡Yo no! (1967), Los cuatro truhanes (1968), La colina de las botas (1969) o Una razón para vivir y una para morir (1972).
En este sentido, en los últimos días no han sido pocas las personas que han expresado su tristeza, no solo por la noticia de su desaparición -a los 86 años-, sino también porque la eterna pareja cinematográfica de Terence Hill -junto al que rodó ¡dieciocho películas!, varias de ellas en tierras almerienses- no recibiera nunca un homenaje por parte de ninguna institución o festival de cine de la provincia. En cualquier caso -y como solemos apuntar en esta columna-, la lista de personalidades cinematográficas de primer nivel que ha trabajado alguna vez en esta ‘Tierra de Cine’ llamada Almería es tan larga que necesitaríamos de un certamen mensual para homenajearlas debidamente a todas.

El Sheriff y el pequeño extraterrestre (1979)

Por mi parte, confieso que cuando me enteré del fallecimiento de Bud Spencer, no me vinieron a la mente tanto sus colaboraciones con Hill -aunque tengo un gran recuerdo de su último proyecto juntos, Y en Nochebuena… ¡Se armó el Belén! (1994), que pude ver hace unos años por Navidad-, como algunas de sus películas en solitario: El Sheriff y el extraterrestre (1979), por ejemplo, que solía ver de pequeño y de la que solo recuerdo que tenía varios momentos lacrimógenos; más reciente tengo El super ‘poli’ (1973), la primera entrega de la saga protagonizada por el inspector ‘Zapatones’, y la cual disfruté bastante durante una de esas gripes que te envían al sofá durante varios días seguidos.
También me he acordado estos días de Banana Joe (1982), cuya crítica a la burocracia no tiene nada que envidiar a la ‘forma A-38’ de Las doce pruebas de Axtérix (1976) -cuántos recuerdos de infancia…-, o incluso de Cuatro moscas sobre terciopelo gris (1972), el último giallo de la ‘trilogía animal’ de Dario Argento, donde el actor daba vida a uno de los personajes más carismáticos de la historia -a pesar de aparecer en solo unas pocas escenas-. En definitiva, adiós al rey de las bofetadas, al eterno compañero de Terence Hill y, sobre todo, a un referente para varias generaciones de espectadores.

 Cuatro moscas sobre terciopelo gris (1972)

Publicado en La Voz de Almería (1-7-2016) 

lunes, 27 de junio de 2016

Dos buenos tipos



Dos ‘colegas a la fuerza’ -un concepto clave en casi toda su filmografía-; un viudo con sentimientos de culpa -Arma letal (1987)-; un perdedor que no para de recordarse que nunca conseguirá ser feliz y una niña que actúa como ‘pegamento’ emocional entre los dos protagonistas -El último Boy Scout (1991)-; una pareja conformada por dos tipos con muy distinta tolerancia al dolor y al estrés -Kiss Kiss Bang Bang (2005)-… Puede resultar injusto comparar Dos buenos tipos (2016) con sus películas anteriores, pero Shane Black -aquí director y coguionista, junto a Anthony Bagarozzi- tampoco es que busque huir de los referentes que, hasta el momento, han ido conformando su carrera.

Por mi parte, quizás fui con las expectativas demasiado elevadas, pero lo cierto es que salí ligeramente decepcionado del cine… Todo estaba en su sitio -los personajes, la trama, los diálogos, los monólogos, la música, la ambientación setentera-, pero algo no me terminaba de encajar y, en determinados momentos, me parecía estar viendo a ‘dos estrellas de cine llamadas Russell Crowe y Ryan Gosling actuando en una película de Shane Black’; en este sentido, la faceta cómica del protagonista de Drive (2011) ha sido uno de los elementos más aplaudidos de la cinta, pero a mí la interpretación tan exagerada de Gosling consiguió sacarme de la película en alguna que otra escena.

Cartel promocional de Dos buenos tipos (2016)

Pero también hubo muchísimas otras cosas que me encantaron: las escenas de acción -alejadas del habitual montaje ‘videoclipero’ que tanto abunda en el cine actual-, los constantes detalles de comedia visual -esa ‘doble’ caída a la piscina durante el tercer acto-, la innegable química entre Crowe y Gosling, el carisma de la jovencísima Angourie Rice -ahora sí que tengo que recuperar Las últimas horas (2013)-, y un largo etc. Además, reconozco que varias escenas me hicieron aplaudir o estar a punto de llorar de la risa -ojo al ‘momento Richard Nixon’-, y eso para mí ya es más que suficiente como para estar deseando revisar Dos buenos tipos (2016) en formato doméstico.

PD. El pasado domingo saltaba la noticia: el actor Anton Yelchin -bastante prolífico en los últimos años- había fallecido en un desgraciado accidente, a los 27 años. Noche de miedo (2011), Terminator Salvation (2009), Star Trek (2009) y sus dos secuelas, la reciente y aplaudida Green Room (2015)… Quizás no llegó a participar en ninguna obra maestra, pero las reacciones de los últimos días dejan bastante claro que era uno de esos -diría que pocos- intérpretes que caían bien a casi todo el mundo. Yo, personalmente, siempre le recordaré por su papel en la dulce, triste y romántica Como locos (2011). 

Anton Yelchin (1989-2016)

Publicado en La Voz de Almería (24-6-2016)