domingo, 26 de marzo de 2017

Logan: amarga despedida

















Rogue One. Una historia de Star Wars, Jack Reacher. Nunca vuelvas atrás, Doctor Strange, Capitán América. Civil War, Batman v Superman… Son solo algunos de los blockbusters o ‘rompe-taquillas’ que han pasado por esta columna a lo largo del último año, y de ninguno de ellos salí particularmente convencido o emocionado. En este sentido, Logan es un más que agradecido cambio de rumbo dentro del cine comercial y/o comiquero con el que convivimos desde hace años: un drama de acción protagonizado por personas con súper-poderes -aquí no cabe hablar de superhéroes- que debería suponer el mínimo común denominador para cualquier película de Hollywood.

Lo más curioso es que las dos anteriores películas de Lobezno en solitario no animaban precisamente a la confianza o a esperar del adiós de Hugh Jackman a su personaje fetiche algo más que un simple entretenimiento: lo de X-Men Orígenes: Lobezno (2009) no tenía nombre -en su momento la vi dos veces en el cine, ninguna de ellas por propia voluntad- y aunque Lobezno inmortal (2013) elevó -forzosamente- el listón de la saga, confieso que me dormí cuando la recuperé en formato doméstico. El hecho de que Logan fuera más una película independiente que una tercera entrega y la excelente acogida de la cinta entre crítica y público eran buenas señales, pero en mi vida como cinéfilo me he llevado muchos chascos, y preferí esperar a comprobarlo por mí mismo.

Logan (2017)

El tono amargo y descarnado de casi todos los elementos que conforman la historia, la mejor interpretación de Jackman como Lobezno -su voz nunca ha sonado más ronca y nunca hemos sentido tanto sus heridas-, el feroz carisma de la pequeña Dafne Keen, el recital interpretativo de Patrick Stewart, los homenajes explícitos a esa obra maestra del western que es Raíces profundas (1953), la aparición de un casi desaparecido Eriq La Salle -el Dr. Benton de Urgencias-, un guión lleno de guiños al universo X-Men y con ciertas sorpresas para el espectador, la estupenda banda sonora a cargo de Marco Beltrami, la cantidad y calidad de las escenas de acción, un clímax ante el que es complicado contener las lágrimas, un plano final perfecto… Así da gusto ir al cine.

PD. Al gozoso ‘empacho’de miniseries británicas de hace un par de semanas le ha seguido, estos últimos días, una maratón de la primera temporada de House of Cards; tenía mis dudas sobre si ponerme o no con ella -sobre todo por mi animadversión a las series que huyen de brújulas morales-, pero está tan bien hecha, es tan entretenida y Spacey borda tanto su papel que cuesta no darle a reproducir el siguiente capítulo.  

Logan (2017)

Publicado en La Voz de Almería (24-3-2017)

domingo, 19 de marzo de 2017

Lo bueno si breve...

















Un cúmulo de circunstancias llevó a que la semana pasada me diera un empacho de ficción televisiva británica: cuatro miniseries estrenadas a lo largo de los últimos tres años y de las que no había escuchado ni leído demasiada información. La encargada de inaugurar el ciclo fue Marcella (2016-), un thriller creado por Hans Rosenfeldt -artífice de la fundacional Bron (El puente)- y protagonizado por Anna Friel -¡Criando malvas!- en el papel de una policía con ciertos problemas de amnesia, cuyo marido acaba de dejarla sin demasiadas explicaciones y envuelta en una investigación criminal con más sospechosos que el Cluedo. Una montaña rusa de lo más entretenida -y retorcida.

Después llegó el turno de River (2015), escrita por Abi Morgan -suyos son los guiones de films como Shame o La dama de hierro- y con un reparto encabezado por Stellan Skarsgård, como un policía -el segundo y último de esta columna- traumatizado por el reciente asesinato de su compañera. River -como en Marcella, aquí serie y protagonista también comparten nombre- mantiene una relación muy peculiar con los ‘muertos’, pero este detalle no es utilizado para sorprender o impactar, sino para emocionar al espectador. ¿Lo mejor? El buen uso del tema I Love to Love (But My Baby Loves to Dance) de Tina Charles, con Skarsgård -soberbio- reviviendo los tiempos de Mamma Mia.

River (2015)

Doctor Foster, por su parte, cambia comisarias por hospitales, para centrarse en las peripecias vitales de la Dra. Gemma Foster, y en qué sucede a partir del momento en que descubre un pelo rubio en la bufanda de su marido, con el que lleva quince años casada y comparte un hijo adolescente. Denostada por cierto sector de los espectadores y la crítica especializada por considerarla demasiado sensacionalista, la serie barrió récords de audiencia hace un par de años y tiene ya lista una segunda temporada. ¿Mi opinión? Entretenidísima y con un prodigioso manejo de la tensión, algo que da lugar a un episodio final de los que hacen época -digno de los mejores tiempos de Dexter.

La última serie de esta pequeña lista la tengo todavía a medias: protagonizada por David Morrissey -de fama mundial tras su paso por The Walking Dead-, The Driver es la historia de Vince McKee, un taxista al borde de la depresión que se ve atraído por el mundo criminal cuando un viejo amigo sale de prisión; aún me queda conocer el desenlace de la historia, pero de momento me está gustando bastante, como antes lo hicieron Marcella, River y Doctor Foster. ¿Y después de esta mini-maratón de ficción británica? De momento, este domingo toca Logan: el viernes que viene comentamos… 

Doctor Foster (2015-)

Publicado en La Voz de Almería (17-3-2017)

sábado, 11 de marzo de 2017

Los cines de mi juventud

















El viernes pasado, hablando del -inesperado y triste- fallecimiento de Bill Paxton y de Twister (1996), volví a referirme por enésima vez en esta columna a la Sala 4 de los desaparecidos Cines Imperial de la capital almeriense; a raíz de ello, y dado que desde hace años está a la orden del día el cierre de míticas salas cinematográficas, pensé que sería buena idea dedicarle unas líneas a aquellos ‘templos’ del séptimo arte en los que pasé buena parte de mi juventud, y los cuales llevan tiempo desaparecidos, suplantados por edificios, tiendas o… multicines.

En la Sala 4 de los Imperial no solo vi Twister; también hice allí cola para Titanic -los efectos digitales no me convencieron ya en 1997-, Lo que la verdad esconde -lo mío con Harrison Ford ya lo explicaré algún día…-, Mission: Impossible -sonaré pesado, pero menudo verano el de 1996-, Seven -esta última la vi junto a mi mejor amigo del colegio, con el que iba al cine cada fin de semana-, Two Much -qué gran banda sonora-, etc. Era la mejor sala de Almería, y allí vi decenas y decenas de largometrajes; recuerdo con especial cariño la taquilla llena de imágenes promocionales, o recorrer los pasillos antes de que empezara la sesión, vislumbrando pósteres de próximos estrenos que, con suerte, vería en aquella misma sala.

Nunca hables con extraños (1995)

Al otro lado de la calle estaban las salas Imperial 1, 2 y 3. De menor tamaño, en ellas proyectaban los estrenos menos taquilleros, aunque supongo que allí trasladaban también aquellas cintas que llevaban un tiempo en cartel, porque fue allí donde vi El fugitivo -la primera vez que sentí ganas de colarme a ver una película de nuevo-; pero, por norma, no recuerdo haber visto allí ninguna obra maestra, precisamente: valgan como ejemplo Nunca hables con extraños -aquel olvidado thriller erótico con Rebecca De Mornay y Antonio Banderas del que no recuerdo nada- o El mundo nunca es suficiente -si no me equivoco, una de las últimas películas que vi en los cines Imperial.  

Y luego estaba el Roxy Cinema… No recuerdo en qué calle estaba ni cuándo dejé de ir o cuándo desapareció, pero sí que -al menos durante mi juventud- solo proyectaban largometrajes distribuidos por la filial española de Columbia Pictures: Jumanji, Men in Black, La máscara del zorro, El quinto elemento, etc. Por último, tampoco quiero olvidarme de los Minicines Chaplin de Aguadulce: allí vi todas las películas de M. Night Shyamalan desde El sexto sentido a Señales, la comedia romántica Mucho más que amigos -durante cuya proyección una compañera de clase se tapó los ojos al ver a dos chicos besarse-… Hoy, más que nunca, me faltan párrafos y me sobran recuerdos.

Mucho más que amigos (1998)

Publicado en La Voz de Almería (10-3-2017) 

domingo, 5 de marzo de 2017

Hasta siempre, Bill

En la última edición del Festival de Sitges tuvo lugar una proyección de Aliens: El regreso (1986) bastante particular, que ya comenté en esta columna. Hubo traducción simultánea mediante auriculares -no demasiado exitosa-, estuvo presente uno de los actores protagonistas -Michael Biehn- y se grabó incluso un mensaje de ‘feliz cumpleaños' dirigido a Sigourney Weaver. Sin embargo, uno de los mejores recuerdos que guardo de aquella sesión fue escuchar las carcajadas que acompañaban a casi todos los diálogos de uno de los personajes: el deslenguado y chulesco soldado Hudson. Por cosas como estas fue por las que sentí una gran tristeza al conocer, hace unos días, el fallecimiento de Bill Paxton.

Además de en la secuela de Alien, el octavo pasajero (1979), el actor estadounidense apareció en otras tres películas de James Cameron -Terminator, Mentiras Arriesgadas y Titanic-, algo que le llevó a ser etiquetado como el ‘actor fetiche’ del cineasta. Pero Paxton fue mucho más, sobre todo para los amantes del cine fantástico y de acción: Calles de fuego, Commando, Los viajeros de la noche, Depredador 2, Apolo 13, Mi gran amigo Joe, Límite vertical, Indomable… Tampoco le fue nada mal en sus incursiones dramáticas -Tombstone (La leyenda de Wyatt Earp), Un plan sencillo, la serie de HBO Big Love-, su debut como director de largometrajes -Escalofrío (2001)- se ha convertido en una cinta de culto y para quien esto escribe su presencia en cualquier película era más que bienvenida.

Bill Paxton en Al filo del mañana (2014)

Cuando hace unos años repasé la filmografía de John Hughes, por ejemplo, fue un placer encontrarme con un veintañero Paxton interpretando al desagradable hermano del protagonista de La mujer explosiva (1985). Y casi rompo a aplaudir cuando le vi aparecer, más recientemente, en Al filo del mañana (2014), inmejorable como el Sargento encargado de arruinarle la vida al personaje interpetado por Tom Cruise -y lo mismo me pasó al revisionarla en casa, tras olvidarme de su presencia en el film. 

Aunque para quien esto escribe, Paxton fue y será siempre el protagonista masculino de Twister (1996). Ya hemos hablado en esta columna más de una vez del maravilloso verano de aquel año, lleno de blockbusters que no eran secuelas ni películas superheroicas: La roca, Mission: Impossible, Independence Day y… sí, la película de tornados dirigida por Jan de Bont -y en cuyo reparto figuraba otro actor fallecido recientemente, Philip Seymour Hoffman-; Helen Hunt era el alma de aquel film, pero Paxton cumplía perfectamente como su pareja cinematográfica. Nunca olvidaré aquella estruendosa y divertidísima tarde en la mítica Sala 4 de los Cines Imperial de Almería…

Twister (1996)

Publicado en La Voz de Almería (3-3-2017)